The first impression one experiences when reading the first pages of “The good soldier Švejk” is astonished at the character created by Hašek. There are very few literary figures that fall into the category of universal symbol and one of them is that of this soldier of the former Austro-Hungarian Empire who defines himself as an “official idiot” and does not cease to praise and cheer the Emperor and the Empire, and to obey all the orders of his superiors, although later he does not fulfill any of them in his peculiar way. And that, in the end, is the reason he declares himself “idiot.”

That public statement, in a way corroborated by his actions is the support of the character of the good soldier Švejk.

Švejk introduces us to the world of the Austro-Hungarian army using the tragicomedy format in which he fiercely criticizes the army officers and the war as a whole. Joseph Heller in his “Catch

  22 ” uses a similar format in which Hašek’s influence is guessed.

War, any war, has nothing of the adventurous vision and something romantic that Hemingway offered us in “Farewell to arms.” Nor is there anything epic in the war or compatible with Jünger’s philosophical evasion in “Storm of steel”. No, war is a pointless, stupid and viscous fact that no person should ever live.

And it is, in this vision of war, that Švejk introduces us without acrimony, sometimes laughing out loud when reading some of his episodes but never forgetting wars, if there are any, they should be fought by political and Army officers who initiate them, they alone, and leave ordinary people to live life as they can but in peace.

La primera impresión que uno experimenta al leer las primeras páginas de las “Aventuras del buen soldado Švejk” es de asombro ante el personaje creado por Hašek. Hay muy pocas figuras literarias que entren en la categoría de símbolo universal y una de ellas es la de este soldado del extinto Imperio Austrohúngaro que se autodefine como “idiota oficial” y no cesa de alabar y vitorear al Emperador y al Imperio, y de obedecer todas las órdenes de sus superiores, aunque después no cumpla ninguna a las cumpla a su manera tan peculiar . Y esa, en el fondo, es la razón de que se auto declare “idiota”.

Esa declaración pública, en cierto modo corroborada por sus acciones el soporte del personaje del buen soldado Svejk.

Svejk nos introduce en el mundo del ejército austrohúngaro utilizando el formato de tragicomedia en la que critica con ferocidad apenas disimulada a los oficiales del ejército y a la guerra en su totalidad. Joseph Heller en su “Catch

22” emplea un formato similar en el que se adivina la influencia de Hasek.

La guerra, cualquier guerra, no tiene nada de la visión aventurera y algo romántica que Hemingway nos ofrecía en ”Adiós a las armas”. Tampoco hay en la guerra nada épico ni compatible con la evasión filosófica de Jünger en “ Tempestades de acero”. No, la guerra es un hecho sin sentido, estúpido y viscoso que no debería vivir ninguna persona nunca.

Y es, en esta visión de la guerra , en la que nos introduce Svejk sin acritud, a veces entre carcajadas al leer alguno de sus episodios pero sin olvidar nunca las guerras, si las hay, debieran pelearlas Lis políticos y generales que las inician, ellos solos, y dejar a la gente común que viva la vida como pueda pero en paz.