The sea, as a metaphor and link between the need to be loved, the unfathomable ignorance of ourselves, loneliness as a perennial companion of our lives, the death of the beloved and suicide as a solution for the lover who remains. That is what J. Banville raises in this book, not very voluminous, rather brief but surprisingly dense and exciting. The years have shown us that not necessarily the most extensive novels are the ones that most hypnotize us, rather the opposite. I will mention only three thin and immense novels in our collective memory, “The Catcher in the Rye” “Brave new World” and “Memoirs of Hadrian”, there are many more of course, but these are the first ones that comes into my mind.

Banville constructs a story in three temporal planes and some paragraphs of internal thought. All woven subtly to build a unique story that turns around a single voice.

The connections of the memories of the protagonist with the physical and sentimental landscape of his childhood with the space through which his life transits during the story, are fluid and frequent as the release of the fishing line of a fisherman who moves constantly throughout the river sisè. That throwing and collecting the bait to the water of memory is the solid and lucid air of this work.

The vision that Banville brings us of the death of our sentimental partner is one of the most stark, gray, and hopeless that I think I have ever read. Throughout my years I have seen and assisted many deaths and Banville achieves, through his dense verbal brushstrokes, even poetic, transmit what is the death and the nothingness.

El mar, como metáfora y nexo entre la necesidad de ser amado, el insondable desconocimiento de nosotros mismos, la soledad como perenne acompañante de nuestras vidas, la muerte del ser amado y el suicidio como solución par el amante que queda . Eso es lo que plantea J. Banville en este libro, no muy voluminoso, más bien escueto pero sorprendentemente denso y apasionante. Los años nos han demostrado que no necesariamente las novelas más extensas son las que más llegan a hipnotizarnos, más bien lo contrario. Citaré sólo tres novelas enjutas de tamaño e inmensas en nuestra memoria colectiva, “El guardián entre el centeno” “Un mundo feliz” y “Memorias de Adriano”, hay muchas más por supuesto, pero estas son las primeras que se me ocurren.

Banville construye un relato en tres planos temporales y algunos párrafos de pensamiento interno. Todo ello tejido sutilmente para construir una única historia que gira alrededor de una única voz.

Las conexiones de la memoria del protagonista con el paisaje físico y sentimental de su infancia con el espacio por el que transita su vida durante el relato, son fluidas y frecuentes como el lanzado del sedal de un pescador que se mueve constantemente a lo largo de la rivera. Ese lanzar y recoger el cebo al agua de la memoria es el aire sólido y lúcido de esta obra.

La visión que Banville nos trae de la muerte de nuestra pareja sentimental es una de las más descarnadas, grises, y desesperanzadoras que creo haber leído nunca. A lo largo de mis años he visto morir o asistido a muchas muertes y Banville logra, a través de sus pinceladas verbales densas, poéticas incluso, transmitir lo que es la muerte y la nada.