I had never read anything about Czeslaw Milosz. I did not even know it had existed. So my unfathomable ignorance is the first thing I have to acknowledge in this commentary on a novel by an author.

I have been stunned by the beauty of this work “The Valley of Issa”. There has been no page that has not tasted with relish. Many authors, among whom are my admired Swift, Barrie, Tolkien, Rowling, Faulkner or García Márquez, have created imaginary worlds that are conserved in the collective memory of men. To these authors I now add Milosz who, in his imaginary valley and river, weaves a memorable account of the passage from childhood innocence to the painful knowledge of the reality of adolescence. His world turns out to be a surprising mixture of the popular fable, the magic, and the raw rural reality very close to that of Hamsun and Faulkner’s imaginary with his inner self-absorbed and inbred characters.

Many will be recognized in the protagonist’s childhood, in his desire to be loved by his parents, in his need to be admitted to a group, in the first steps, not even framed within the conscious, towards the discovery of his sexuality, in the humid and warm obsession for the first woman that we imagine as a symbol of something very suggestive and attractive.

Milosz’s prose is rich, flows in a single time and is entertained, like the meanders of the river, in those hobbies that we take as soon as we leave in childhood.

The passage from childhood to adolescence is like a second birth, in this case we perform in solitary without the help of any mother and, almost always, is traumatic. In his work Milosz shows that birth in a calm way, without great emotional earthquakes and, nevertheless, there is everything, both the sweet and the bitter of that moment in our lives

Jamás había leído nada de Czeslaw Milosz. No sabía ni que hubiera existido. Así que mi insondable ignorancia es lo primero que he de reconocer en este comentario de una novela de un autor.

He quedado aturdido ante la belleza de esta obra “El valle del Issa”. No ha habido página que no haya saboreado con fruición.

Muchos autores, entre los que están mis admirados Swift, Barrie, Tolkien, Rowling, Faulkner o García Márquez, han creado mundos imaginarios que se conservan en la memoria colectiva de los hombres. A estos autores añado ahora a Milosz quien, en su valle y río imaginarios, teje un relato memorable del paso de la inocencia infantil al conocimiento doloroso de la realidad de la adolescencia. Su mundo resulta una mezcla sorprendente de la fábula popular, lo mágico, y la realidad rural cruda muy cercana a la de Hamsun y a la imaginaria de Faulkner con sus personajes sureños ensimismados y endogámicos.

Muchos se verán reconocidos en la infancia del protagonista, en su deseo de ser amado por sus padres, en su necesidad de ser admitido en un grupo, en los primeros pasos, ni siquiera encuadrados dentro de lo consciente, hacia el descubrimiento de su sexualidad, en la obsesión húmeda y cálida por la primera mujer que imaginamos como símbolo de algo muy sugestivo y atrayente.

La prosa de Milosz es rica, fluye en un solo tiempo y se entretiene, como los meandros del río, en aquellas aficiones que tan pronto tomamos como abandonamos en la infancia. El paso de la infancia a la adolescencia es como un segundo parto que, en este caso realizamos en solitaria si la ayuda de madre alguna y, casi siempre suele ser traumático. En su obra Milosz muestra ese parto de una forma tranquila, sin grandes terremotos emocionales y, no obstante, ahí está todo, tanto lo dulce como lo amargo de ese momento en nuestras vidas